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#NoOscarFest2: 'Un monstruo viene a verme', de J.A. Bayona

By Cinéfagos - 22 de abril de 2017 5 Comments

Este artículo está escrito por Daniel Lorenzo, redactor de Cinéfagos.es

Juan Antonio Bayona ha cimentado su carrera en mentarnos a la madre. A la madre ajena, se entiende. Porque nos mentan a la madre y nos emocionamos. 'El orfanato', 'Lo imposible' y 'Un monstruo viene a verme' conforman una trilogía apócrifa acerca de la pérdida en las relaciones maternofiliales. El director debutó con una película sobre cómo una madre afronta la pérdida de un hijo. Dio un paso hacia adelante con otra que parecía de catástrofes, pero que en el fondo trataba sobre el reencuentro de una madre y un hijo tras luchar por la supervivencia. Y 'Un monstruo viene a verme', su tercera película, es una historia sobre cómo un hijo debe asumir la pérdida de su madre.

Como pudo comprobarse durante los meses de septiembre y octubre (cuando la cinta se estrenó en el Festival de Toronto, pasó por el Festival de San Sebastián y, finalmente, llegó a la cartelera española) resulta muy complicado efectuar no ya un alegato en favor de 'Un monstruo viene a verme', sino un análisis mínimamente sosegado sin recurrir al factor emocional. En unos tiempos en los que gran parte de la crítica cinematográfica aboga por el cinismo o por la supuesta utilidad social o moral de las películas, un relato puramente emotivo sobre los temores de un niño que teme quedarse huérfano apenas iniciada su adolescencia no cuenta con los suficientes asideros para gozar de las simpatías de la intelectualidad. Si a ello le sumamos la producción de un gigante como Telecinco Cinema, la sobreexposición sufrida por una agotadora y avasalladora campaña promocional, el hecho de que sea una producción española convenientemente empaquetada en un envoltorio anglosajón (lo que la convierte en hija bastarda, no reconocida ni por unos ni por otros) y las ganas que muchos le tenían a su director por el mero hecho de ser joven, paisano y exitoso en lo artístico y lo comercial, lo cierto es que a 'Un monstruo viene a verme' le resultó mucho más sencillo contar con el fervor popular que crítico.

'Un monstruo viene a verme' es una película espectacular, brillante en lo técnico, pictórica en lo visual, pero, toda esa parafernalia no hace que el último responsable de la película pierda de vista el corazón de la misma. Porque, repetimos, 'Un monstruo viene a verme', es una película que habla sobre el miedo de un niño (Lewis MacDougall) a perder a su madre (Felicity Jones). Y ese es un sentimiento que todos conocemos. Como también todos hemos vivido el cáncer de un ser querido. Por eso, una vez que la película pierde su coraza, cuando terminan los fuegos artificiales y se disipa el humo de la pólvora, su corazón sigue ahí, latiendo, si cabe, con más fuerza todavía. Porque una buena película es como una relación sentimental, puede que lo que nos enamore al principio sea lo que entra por los ojos, pero aquello solo funcionará de verdad si te toca el corazón.

Y es imposible no conectar emocionalmente con ese chaval al que sus compañeros han decidido putear en clase y al que la vida ha decidido putear en su casa. Ese crío, que pasa las noches en un dormitorio con vistas al cementerio (¿En serio? De verdad, ¿quién hizo el reparto de cuartos en esa casa? ¿Su madre se está muriendo y cuando él se asoma por la ventana lo que ve es el cementerio? ¿No había una habitación mejor para darle?). Hasta que un día, lo inesperado llega en forma de monstruo, un monstruo con forma de tejo, que le visitará para contarle tres historias, a cambio de que él le cuente la suya.


La evolución de la relación de nuestro protagonista con el monstruo, esto es, con sus temores, está reflejada visualmente a la perfección a lo largo de sus encuentros. Si bien en un primer momento los dos hablan de igual a igual, frente a frente, a medida que avanza el metraje de la película y los encuentros se suceden el tejo cada vez es más gigantesco e imponente y en una mayor situación de desventaja física se va encontrando Conor.

Desventaja física que no deja de ser una representación de su complicada situación familiar y emocional. Si Conor pierde a su madre lo perderá todo, la única vida familiar que conoce. No deja de ser curioso que uno de los ataques habituales que reciben Juan Antonio Bayona y su cine sea el de pornógrafo emocional (por otro lado, como si la pornografía fuera per se algo malo, como si no hubiera pornografía de alta y baja calidad), cuando, cada vez que en esta historia puede tomar un atajo, opta por el camino más incómodo. De este modo, qué fácil sería que los personajes de la abuela y el padre fueran inequívocamente malvados o inoperantes. Pero no lo son. Es difícil que cuenten con nuestra simpatía como espectadores, porque siempre les juzgamos desde la óptica del protagonista, un Edipo que asiste atónito a la muerte de su amada y que no está dispuesto a cambiarla por nada. Puede que el personaje de Sigourney Weaver (que, por cierto, nunca ha estado mejor) sea seco, duro o arisco, pero uno puede percibir su devastación emocional y lo mucho que le supera la situación familiar que le ha tocado vivir. Y puede que el padre interpretado por Toby Kebbell no sea un progenitor ejemplar, si bien también es cierto que es todo lo buen padre que sabe. Y uno no debería jamás verse exigido por encima de sus posibilidades.

Es esta ausencia de figura paterna la que intenta paliar la figura del monstruo al que pone voz Liam Neeson, actor que también aparece en varias fotos familiares a lo largo del metraje, dando a entender que es una representación del abuelo materno de nuestro protagonista. Lo cual, en el fondo, ya deja marcado el destino de su madre, porque ya se sabe solo las madres en los clásicos Disney o los intereses amorosos de Charles Bronson tienen menor índice de supervivencia cinematográfica que las hijas de Liam Neeson.

Y así, cuanto más avanza la historia hacia su inevitable desenlace, más emotiva se va volviendo y más abandona los efectismos su director. Hasta el punto de que, el mismo que en Lo imposible lograba abrumar al espectador abusando de la presencia de una partitura atronadora y omnipresente, en los clímax de Un monstruo viene a verme opta por dejar reposar la emotividad sobre el texto y la imagen, manteniendo a la composición de Fernando Velázquez en un discreto segundo plano. Así, las miradas de ese niño y esa abuela, juntos, en un coche parado bajo la lluvia y esperando a que pase un tren, resultan difíciles de olvidar. Porque más allá de todas sus diferencias, jamás se han sentido más solos y más juntos que en ese momento en el que saben que van a decir adiós a la persona que más querrán en toda su vida.

Porque, en definitiva, 'Un monstruo viene a verme', es una película que nos habla sobre cómo decir adiós. Aprender a despedirse en silencio, rompiendo cosas o, simplemente, susurrando no quiero que te vayas mientras dejas marchar. Una historia sobre un niño que sabe que lo peor no es tanto que algo suceda como saber que, inexorablemente, sucederá y, en el fondo, desear que, si ha de suceder, suceda ya, para ahorrarse la agonía. Un niño tan puteado, tan sensible, tan empatizable, que bordea la línea y está a punto de convertirse en un Mary Sue, pero al que el guión logra dotar de suficientes aristas como para no terminar de caer en el estereotipo.

Y me resulta imposible no sentir simpatía por una película que, en su epílogo, nos muestra como la mejor herencia que una madre puede dejar a su hijo son las historias, la educación artística, moral y sentimental, que, a su vez, su padre le inculcó a ella. Solo por eso, por la apología de la narración que subyace en su fondo, ya habría que celebrar la existencia y el éxito popular de esta propuesta. Porque, al fin y al cabo, ¿no es acaso precisamente eso lo que hace que nos guste tanto el cine a los que de verdad nos gusta el cine?

5 comentarios to ''#NoOscarFest2: 'Un monstruo viene a verme', de J.A. Bayona"

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  1. Hermosa película, para mi lo mejor son las historias del árbol, buena actuación la de Lewis MacDougall logra transmitir lo que siente y es creíble. A pesar de ser muy criticada por ser tan sentimental la verdad es que me gustó mucho, no la considero de las mejores del festival pero después de esas viene esta y otras, a mi gusto.

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  2. Una película que prometía mucho, pero que finalmente no me convenció.
    La historia inicia con buen ritmo, sin embrgo después de unos minutos comienza a caer hasta hacerme perder el interés; un guión algo forzado que cuesta poder adarparlo, pero sobre todo que abusa del sentimentalismo y la compasión; Felicity sin duda es la chispa de esta película, una actuación más que decente, es realmente buena... pero aun siendo lo mejor de la película se convierte en el error de la película, al apoderes por completo y no ver nada mas allá de ella, no mas de la emotividad que genera, la historia se pierde en ella, los personajes se pierden en ella, personajes que carecen de desarrollo y conexión mas allá del familiarísimo.
    Una propuesta prometedor, pero que se queda a medio camino.
    Calificación: 6.5/10

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  3. Ahí veis mi elección a Mejor Actor y Secundaria 👏👏👏💜

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  4. Técnicamente es soberbia, y Bayona sabe filmar, como ha demostrado siempre. Pero no superó mis altas expectativas con una historia más sosa y vista de lo que parecía a priori. El tratamiento del bullyng es tópico, por ejemplo, y tiene ese punto lacrimógeno bayonil. Aun así está bien por su capacidad visual y creativa.

    La nomino en 5 categorías:

    Actor (el chaval prota, una revelación)
    Actriz secundaria (Weaver)
    Fotografía
    Música
    Montaje

    Pero no la votaré en nada pq la superan otras en todas esas categorías. El chico se queda cerca de ser mi voto en Mejor actor, eso sí; es mi segundo favorito.

    Mi nota: 6,5

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  5. para mí de las mejores del festival , excelente historia actuaciones dirección y efectos especiales. Debería ser nominada a mejor actriz, actriz secundaria, actor , efectos o montaje , direcccion , guión , película.

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