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#NoOscarFest: 'Tangerine', de Sean Baker

- 29 de abril de 2016 No Comments

Los 2000 han sido una década complicada para el cine independiente norteamericano. La masificación de Sundance, el rechazo de los grandes estudios hacia el cine adulto y el intrusismo de las estrellas - hambrientas de grandes papeles y embaucadas por Harvey Weinstein- han hecho que la línea que separaba claramente los muros de Hollywood de la comunidad independiente cada vez sea más difusas.

Transcurre durante las fiestas navideñas y su protagonista tiene nombre de princesa, pero la última película de Sean Baker está muy lejos de ser un cuento de hadas. Sin-Dee Rella (Ceni Cienta sería la traducción pertinente en castellano) es una prostituta transexual que acaba de salir de prisión en pleno día de Nochebuena. Nada más recuperar la libertad, se entera a través de su mejor amiga que su novio ha aprovechado su ausencia para engañarla. Es entonces cuando Sin-Dee empieza un arrebatador viaje por la ciudad de Los Angeles para descubrir la verdad.

‘Tangerine’ coge un rotulador permanente y de colores para volver a dibujar con firmeza esa barrera. Huye de lo ‘mainstream’ para firmar un ejercicio arrebatador que, irónicamente, conquista a cualquiera que se atreva a enfrentar a ella. Esta suerte de vuelta de tuerca transgénero a ‘¡Jo, qué noche!’ es un ejercicio de cine de guerrilla que desafía las normas preestablecidas y que haría las delicias del primer Almodóvar, ese que huía del preciosismo para adentrarse en el Madrid más salvaje y callejero para enseñar qué ocurría al otro lado. Aquí tenemos prostitutas, transexuales, proxenetas y taxistas armenios que nos muestran qué pasa en la ciudad de Los Angeles cuando se apagan los focos de Hollywood.


La comunidad que se indignó al descubrir que el personaje central de ‘La chica danesa’ sería interpretado por un actor cisgénero tiene aquí un motivo de celebración. ‘Tangerine’ descubre al mundo los desarmantes talentos de Kitana Kiki Rodriguez y Mya Taylor, dos actrices que aportan una verdad y una naturalidad que no podría aportar ni siquiera un actor tan talentoso como Eddie Redmayne. Ellas son las caras visibles de un universo de personajes que van de lo patético a lo hilarante, pero siempre auténticos.

Ni siquiera hace falta hablar de cómo se sacó adelante un proyecto imposible que sólo contaba con 100.000 dólares de presupuesto, tres modelos del iPhone 5S como cámaras y una app al alcance de cualquier usuario de Apple por ocho dólares. Sin embargo, el cómo nunca se apodera del qué. Sin la democratización de las tecnologías el milagro de ‘Tangerine’ nunca hubiese sido posible, pero los méritos del filme van mucho más allá. Apunten su nombre. Sean Baker se ha encargado de la dirección, la producción, el guión, la fotografía y la edición de su película. El cine independiente sí era esto.

#NoOscarFest: 'Victoria', de Sebastian Schipper

- 28 de abril de 2016 2 Comments

Este artículo está escrito por Emilio Doménech, director de Cinéfagos.es

En la película española 'Stockholm', un chico y una chica rondaban las calles de Madrid tras una noche de fiesta. Él trataba de convencerle a ella de que se había quedado prendado. El intenso toma y daca terminaba con chico y chica en la misma casa, aunque nunca les veíamos compartir cama. Había un salto temporal, fundido a negro mediante, desde el beso robado de la noche al despertar resacoso de la mañana. Y las decisiones que acababan ahí, tomadas todas por instinto, derivaban en un epílogo brutal en el que ella saltaba desde una azotea al vacío madrileño.

En 'Victoria', la ambiciosa película de Sebastian Schipper rodada en una sola toma, el fundido a negro no entra en la ecuación. Cada acción tiene su consecuencia; en la pantalla y en los personajes. Y cualquiera de las decisiones que se toman tienen implicaciones mucho más inmediatas en tanto que suceden en tiempo real. No hay respiro fuera del plano y si existe un descanso para los personajes es irreal porque no está en la pared iluminada; lo creamos nosotros al parpadear.

Victoria sigue los paseos berlineses, también a altas horas de la madrugada, de Sonne (Frederick Lau) y Victoria (Laia Costa), un chico alemán y una chica española que se conocen en una discoteca. Él está con unos amigos. Ella sólo habla un inglés muy básico y en apenas unas horas tiene que abrir la cafetería en la que trabaja. Está sola, pero se deja llevar por sus nuevos compañeros de juerga porque tiene ganas de pasárselo bien. Está en un país que no es el suyo. Ante la soledad del estar lejos de casa, cualquier atención es bienvenida.


El (evidentemente) exhaustivo seguimiento de la cámara operada por Sturla Brandth Grøvlen captura todas las limitaciones en el encuentro entre personajes. La barrera del lenguaje y los saltos socioeconómicos entre Sonne y Victoria actúan como evidencias de una Europa de Schengen en la que confluyen juventudes muy dispares.

La escena del piano, sin duda la mejor del filme, deja marca en el rostro de Sonne, que ve lo que le distancia de Victoria —su habilidad con las teclas constata que vienen de clases sociales muy diferentes— y lo que les iguala—ella está cobrando cuatro euros por hora tras abandonar una península de decepciones y él es un bala perdida que pasea Berlín con amigos que acaban de salir de la cárcel.

Son esas coyunturas que se acumulan y ponen peso sobre los protagonistas. Y al ser 'Victoria' un todo continuado, el desgaste es visible y sentido. Porque conforme los personajes toman decisiones, sus líneas argumentales derivan en resultados cada vez más catastróficos. La gasolina del plano secuencia se quema y la juventud de la que gozaban en esa discoteca inicial se escapa.

Sonne, Victoria y el resto corren, malgastan, festejan y, finalmente, enfrentan la pendiente. El precipicio, tal y como en 'Stockholm', es un vacío que llega de forma inesperada —para los personajes. Porque para los espectadores, para quienes el epílogo de 'Stockholm' se sentía como un cliffhanger precipitado, la caída en 'Victoria' es previsible; es un final coherente. Y el hecho de que la hostia del finiquito sea tan contundente confirma que la ambición de rodarlo todo de una tacada es un logro absoluto de Schipper, de Brandth Grøvlen y de todos los actores involucrados.

Primer trailer de 'Snowden', el biopic de Oliver Stone

- 27 de abril de 2016 3 Comments

'Snowden' es la respuesta al escaso interés del gran público por acudir a las salas a ver documentales. Fingiendo que 'Citizenfour' no ha existido, Oliver Stone recupera su espíritu antisistema para volver a contar la historia del mayor 'soplón' de la historia de Estados Unidos. Famoso por sus exhaustivas labores de documentación en sus películas históricas, Stone ha tomada como referentes al libro escrito por Anatoly Kucherena, el abogado ruso de Edward Snowden, y "The Snowden files. The inside story of the world's most wanted man", escrito por Luke Harding. Como curiosidad, añadir que Melissa Leo aparecerá en el filme interpretando a la directora de 'Citizenfour': Laura Poitras.

El cineasta que metió la llaga en la herida del asesinato de J.F.K., la guerra de Vietnam y la presidencia de George W. Bush cuestionará ahora el polémico caso de espionaje que terminó con Edward Snowden huyendo de las autoridades norteamericanas. Open Road Films, flamante ganadora del Oscar con 'Spotlight', decidió retrasar el estreno de las Navidades de 2015 al 16 de septiembre de este año. La errática trayectoria de Stone no invita al optimismo, pero sería interesante ver de vuelta en los Oscar a un cineasta que en los 80 ganó dos premios como director por 'Nacido el 4 de julio' y 'Platoon'.

#NoOscarFest: 'El club', de Pablo Larraín

- 26 de abril de 2016 3 Comments

Este artículo está escrito por Carlos Cañas, redactor de Cinéfagos.es

Al inicio de la película 'El club', en la oscuridad del fondo negro mate se escribe, en letra blanca, un extracto del Génesis que marcará la esencia y tono de toda la obra: "Y vio Dios que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas". Y por eso, 'El club' nace en el alba y se moverá en la frontera entre el día y la noche de una pequeña localidad costera llamada La Boca. Surca así el filme las primeras luces matinales, los cielos nublados y los anocheceres. La luz y la sombra son aprisionadas tras una sucia patina azulada fruto de la combinación del digital con viejas lentes anamórficas rusas, lo que otorga al filme un aspecto brumoso donde lo único que destaca frente al inmenso mar es una casita de color amarillo pálido donde el director chileno, Pablo Larrain, encierra la verdadera penumbra.

El "club" al que no se le refiere así en ningún momento, dice ser, o ello cree el resto del pueblo, un lugar de retiro espiritual para antiguos curas; y debe ser, o ello dice la teoría, un centro de penitencia para eclesiásticos pecadores. Pero la realidad es que el "club", lejos de ser un centro de penitencia, es una penitenciaría donde la iglesia católica oculta sus crímenes y a sus criminales: abuso sexual infantil, complicidad con las sangrientas fechorías de la dictadura militar, alcoholismo o tráfico de bebés. Cuatro curas y una monja, llenos de claroscuros, simbolizan todos estos pecados y los entierran con individualismo, justificaciones, mentiras, reality shows de televisión y unas lucrativas carreras de galgos. Eso sí, como si de una clausura monástica se tratase, por la mañana se levantan y oran, toman desayuno, celebran misa, almuerzan, cantan, rezan el rosario y cenan. Su religión minutada nunca falta.

La plácida existencia de este limbo se verá turbada con la llegada de un quinto cura, otro criminal que dice no ser como los otros (el tan traído "¡soy inocente!"). Tras él, llegarán los ángeles. El primero de ellos, hijo del futuro que quiere a la iglesia católica, es un ángel negro de espesa cabellera y barba. Un "ex-niño" del quinto cura. Una víctima. Su venida hará que el quinto cura, preso ante todo de sus remordimientos, se quite la vida como método de huida. Pero tras ello, y una vez despachada la rápida y fútil investigación policial (hecho que habla por sí solo), llegará un ángel blanco, de fina cabellera y barba. Un hijo del futuro. Un director espiritual. Un psicólogo profesional con estudios en España y en Ginebra. Un hombre de buen vestir y olor del que dice la Curia estar "muy preparado" y ser "muy hermoso".

Cuatro curas y una monja, llenos de claroscuros, simbolizan todos estos pecados y los entierran con individualismo, justificaciones, mentiras, reality shows de televisión y unas lucrativas carreras de galgos. Eso sí, como si de una clausura monástica se tratase, por la mañana se levantan y oran, toman desayuno, celebran misa, almuerzan, cantan, rezan el rosario y cenan. Su religión minutada nunca falta.


'El club', Oso de Plata al Gran Premio del Jurado de la Berlinale 2015, es una película más de director y actores que de guión. Es una película que busca reflejar la esencia de los pecados y pecadores de la Iglesia Católica y en la que importa más lo que se siente que lo que se cuenta. Su libreto fue escrito sobre la marcha (quizá por ello sea su apartado más mejorable), pero su dirección y actuaciones son firmes y claras. De ahí su simbología. De ahí su música. De ahí su tono, presente en un limbo entre la tragedia y el humor negro. De ahí su penumbra visual, tanto a nivel de estética como a nivel de planos: generales alejados y difusos y primeros que aíslan a los monstruos que miran a cámara. De ahí sus actuaciones, donde todo el elenco actoral construye personajes grisáceos, inquietantes y sugerentes que intentan opacar sus luces y sombras. Y de ahí su montaje casi azaroso, que otorga fluidez al conjunto y lo cohesiona: los pecados de unos se extienden a otros mediante el cambio de planos.

Y con ese ángel blanco —o castaño encanecido, según va el espectador conociéndole mejor—, El club muestra el cáncer que poco a poco carcome una institución que siempre trata de refugiarse en la luz de la santidad mientras cierra las cortinas a la oscuridad de la noche, temerosa de ver su verdadero reflejo. Y esto, lejos de ser una metáfora, ocurre en el filme cuando la nocturnidad muestra a los personajes en su perfil más descarnado, de ahí que el clímax de El club tenga lugar en la noche. Es una escena que además deriva en una nueva víctima a raíz de los protagonistas: ese ángel negro que aborrece la iglesia pero que se ve atraído y subyugado por ella. Un cordero de Dios. El Agnus Dei. Víctima ofrecida en sacrificio por los pecados.

Y una vez ese Agnus Dei, representación directa de Jesucristo como Salvador y Juez según el libro del Apocalipsis, acaba reunido con el resto de penitentes, es el ángel blanco el que marcha, pues da por finiquitada su misión con el "club". Y el silencio se hace. La oscuridad es total. El "club" deja de ser una penitenciaría y se convierte en  lo que siempre debió haber sido: un centro de penitencia. Aunque nosotros no lo veremos y los crímenes seguirán impunes.

Estos son los 9 miembros del jurado del Festival de Cannes

- 25 de abril de 2016 2 Comments

Ya se conocen los nombres que acompañarán a George Miller en el jurado de la próxima edición del Festival de Cannes. Los actores serán mayoría en un grupo de personalidades que reunirá a uno de los grandes triunfadores de la pasada edición (László Nemes), a un ganador del premio al Mejor Actor en el certamen francés como Mads Mikkelsen o a un veteranísimo actor de Hollywood como Donald Sutherland. Estos son los 9 elegidos:

George MILLER (Director, productor y guionista)
Arnaud DESPLECHIN (Director y guionista)
Kirsten DUNST (Actriz)
Valeria GOLINO (Actriz)
Mads MIKKELSEN (Actor)
László NEMES (Director y guionista)
Vanessa PARADIS (Actriz)
Katayoon SHAHABI (Productor)
Donald SUTHERLAND (Actor)

La 69ª edición del Festival de Cannes arranca el 11 de mayo y se prolongará hasta el día 22.

#NoOscarFest: 'Grandma', de Paul Weitz

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'Grandma' ha sido una de las grandes olvidadas no sólo de los Oscar sino de la temporada de premios en general. Los escasos reconocimientos obtenidos por la película dirigida por Paul Weitz se han centrado principalmente en la labor de su protagonista: Lily Tomlin. Aunque no cabe duda de que la veterana actriz se adueña de la función, la película es mucho más que ese estupendo trabajo interpretativo que perfectamente podría haber sido recompensado con una nominación al Oscar en la categoría de Mejor Actriz.

'Grandma' es una propuesta aparentemente sencilla que, disfrazada de (mini) road-movie y a través de  una buena dosis de humor, se permite (en menos de 80 minutos) abordar asuntos tan diversos como la vejez, el paso de la adolescencia a la madurez, las relaciones familiares, la homosexualidad o incluso los problemas del sistema sanitario norteamericano. Este proyecto de marcado carácter feminista es también un certero retrato de tres generaciones distintas de mujeres (abuela, madre e hija). Paul Weitz maneja a la perfección el difícil equilibrio entre el drama familiar, la comedia un poco pasada de rosca e incluso el cine romántico. Y todo esto lo consigue desbordando encanto, sensibilidad y naturalidad, tres cualidades que provienen en gran medida del trabajo de un reparto en estado de gracia.

Lily Tomlin es Elle, una anciana sin pelos en la lengua y de vuelta de todo que tiene que ayudar a su nieta (una encantadora Julia Garner) a conseguir el dinero suficiente para practicarse un aborto a espaldas de su madre (divertidísima Marcia Gay Harden). Por el camino se encontrarán con un puñado de personajes singulares interpretados por un plantel de secundarios de lujo como Laverne CoxElizabeth Peña (fallecida poco después de rodar la película), un carismático Sam Elliott y una gran actriz frecuentemente desaprovechada como Judy Greer.

Tomlin brilla en un papel hecho a su medida. Weitz, que ya había trabajado previamente con la veterana actriz en su anterior película, escribió el guión con ella en mente. La que fuera musa de Robert Altman consigue reflejar a la perfección la doble vertiente de Elle: dura y cortante por fuera, pero tierna y vulnerable por dentro. La simbiosis entre la actriz y el personaje es absoluta. Lily y Elle se confunden hasta el punto que la ropa que viste la anciana y el viejo Dodge que conduce pertenecen en realidad a la actriz.


Por su condición de road-movie protagonizada por una anciana con malas pulgas, 'Grandma' puede recordar a títulos como 'Nebraska' o 'A propósito de Schmidt'. Pero tal vez la película con la que guarda más semejanza sea otra joya (menos evidente) del cine independiente: 'Retrato de April (Pieces of April)' (2003). La comparación entre ambas películas cobra más fuerza si tenemos en cuenta que el director de 'Retrato de April' tiene un pasado en común con Paul Weitz. Aquella película, bastante olvidada hoy en día pese a su candidatura al Oscar a la Mejor Actriz Secundaria (Patricia Clarkson), estaba escrita y dirigida por Peter Hedges. Hedges y Weitz, junto al hermano del segundo, trabajaron juntos en el guión de 'Un niño grande'.

Sin duda estamos ante la película más redonda de Paul Weitz desde que se separó de su hermano Chis (justo después de tocar techo con la nominación al Oscar por 'Un niño grande'). Mientras que Chris fue mucho más ambicioso ('La brújula dorada''La saga Crepúsculo: Luna nueva'), Paul optó por seguir desarrollando proyectos más personales ('Algo más que un jefe (In Good Company)', 'American Dreamz: Salto a la fama') aunque también ha realizado alguna concesión a Hollywood ('Ahora los padres son ellos', 'El circo de los extraños'). En 'Grandma', Weitz se reencuentra con la mejor versión de sí mismo dentro de ese tono ligero con un punto excéntrico (un trabajo similar al que ha desempeñado recientemente como guionista y director en varios capítulos de la serie 'Mozart in the Jungle', de la que es co-creador).

'Grandma' es una gran muestra de lo que se puede llegar a hacer con una planteamiento simple y un presupuesto reducido. Una película que se cimenta en nada más (y nada menos) que unos diálogos bien escritos y un puñado de buenos actores. En definitiva, 'Grandma' es un buen ejemplo del mejor cine independiente americano.

#NoOscarFest: 'La visita', de M. Night Shyamalan

- 23 de abril de 2016 2 Comments

Si afirmáramos que los 16 títulos que conforman la primera edición del #NoOscarFest son películas aclamadas por la crítica, estaríamos faltando a la verdad. Así sucede en la gran mayoría de los casos pero no en el que nos ocupa hoy. 'La visita' está lejos de ser un éxito de crítica y, sin embargo, ha sido la película mejor recibida de M. Night Shyamalan en muchísimo tiempo. Habría que remontarse hasta 'Señales' (2002) para encontrar un film del director indio que hubiera tenido unas críticas tan favorables como 'La visita'.

Desde que el tremendo éxito de 'El sexto sentido' le pusiera en el mapa, Shyamalan fue perdiendo el favor de la crítica de forma progresiva. Películas que ahora son de culto como 'El protegido', 'Señales' o 'El bosque' fueron recibidas con excesiva frialdad en su momento (especialmente en el último caso). Pero fue 'La joven del agua' la que marcó un antes y un después: desde ese momento, todas las películas de Shyamalan serían masacradas indiscriminadamente. Las esperanzas de que el cineasta nominado a dos Oscars y ganador de cuatro Razzies (dos como director, uno como guionista y otro como actor secundario) volviera al buen camino eran cada vez más reducidas... pero entonces llegó 'La visita'.

Apartándose de la pomposidad de sus últimas películas ('Airbender, el último guerrero' y 'After Earth'), Shyamalan se planteó 'La visita' como una oportunidad para volver al terreno en el que ha demostrado sobradamente ser un experto: el cine de terror. El planteamiento es muy sencillo: una pareja de hermanos (Olivia DeJonge y Ed Oxenbould) van a pasar unos días a la casa de sus abuelos (Deanna Dunagan y Peter McRobbie). Los niños, que jamás han visto a los ancianos puesto que no se hablan con su madre (Kathryn Hahn) desde hace años, muy pronto se darán cuenta de que sus anfitriones están muy lejos de ser unas personas normales. Mientras que la anciana se comporta de forma extraña por las noches (se desnuda, corre como una loca y se golpea contra las paredes), el abuelo ataca a un extraño por la calle y colecciona pañales usados.

'La visita' es esencialmente un film de terror cuya principal intención es hacer que el espectador salte de su butaca pero el humor se adueña de la función hasta el punto de que la película podría ser considerada una comedia (de un modo similar a lo que ocurría en 'Señales'). Los momentos cómicos recaen principalmente en el personaje de Tyler (AKA T-Diamond Stylus), rapero aficionado que decide emplear nombres de cantantes famosas (Beyonce, Shakira, Katy Perry) en lugar de palabras malsonantes, provocando algunas de las situaciones más hilarantes de la cinta. Pero el drama también está presente en la película y por partida doble: por un lado están los niños afrontando el trauma del padre ausente y por el otro el conflicto entre la hija y sus padres. La película incluso funciona como una parodia del cine documental más lacrimógeno al reírse de forma evidente de algunos de los recursos más habituales del género.


'La visita' es una ilustre incorporación a la lista de películas etiquetadas bajo el estilo "found footage", un subgénero explotado hasta la saciedad en el cine de terror y ciencia-ficción que sólo muy de vez en cuando nos deja algún título destacado ('REC', 'Chronicle', 'Monstruoso'). De hecho, el productor de 'La visita' no es otro que Jason Blum, que se ha hecho de oro con la saga 'Paranormal Activity'. Shyamalan imparte un auténtico clínic sobre un estilo que no le era del todo desconocido, puesto que el realizador ya había usado de forma magistral el "found footage" en algunas de sus anteriores películas. En 'El sexto sentido', Cole (Haley Joel Osment) encontraba una cinta que mostraba la terrible verdad que se escondía detrás de la muerte de una niña; y en 'Señales', era una grabación casera emitida en un informativo lo que nos permitía ver por primera vez a los alienígenas.

Ninguna otra obra de Shyamalan se asemeja más a 'La visita' que 'Señales'. Como ocurría en la película protagonizada por Mel Gibson, las particularidades de los niños acaban teniendo una importancia vital en el desenlace de la película. Si en aquella teníamos el asma de Morgan (Rory Culkin) y la afición por coleccionar vasos de agua de Bo (Abigail Breslin), en el film que nos ocupa tenemos la obsesión de Tyler con la higiene y la imposibilidad de mirarse al espejo de Becca. Por si esto fuera poco, también hay un trauma deportivo: del mismo modo que Merrill (Joaquin Phoenix) rememoraba su pasado como jugador de béisbol golpeando a un alienígena con un bate en 'Señales', Tyler usa su experiencia como jugador de fútbol americano en un momento crucial de 'La visita'.

En 'La visita', Shyamalan se reivindica como un gran director de actores. Su buena mano con los niños queda demostrada una vez con más con los trabajos de Ed Oxenbould y Olivia De Jonge (flaco favor les hace el doblaje español). Pero los dueños de la función son esa pareja de inquietantes ancianos formada por Peter Mc Robbie (actor con amplia trayectoria televisiva al que recientemente se le ha podido ver en 'Daredevil') y, especialmente, Deanna Dunagan (ganadora del Tony por 'Agosto'). El trabajo de Dunagan ya fue destacado en su momento en este blog como una de las cinco grandes interpretaciones del año que tenían todas las papeletas para ser ignoradas en la temporada de premios (en aquel post también hablábamos de Olivia Cooke en 'Yo, él y Raquel', otro trabajo del que también podemos disfrutar en el #NoOscarFest).

En definitiva, esta es la pelicula que nos ha devuelto a un director al que muchos habíamos echado de menos. Tal vez 'La visita' no esté entre lo mejor de su filmografía, pero al menos aquí encontramos a un Shyamalan 100% reconocible tanto en su habilidad para generar tensión, como en ese humor un tanto marciano y en esa capacidad para crear momentos cinematográficos realmente potentes (como ese emocionante reencuentro bajo la lluvia). Además, Shyamalan también recupera en 'La visita' una de sus señas de identidad: la sorpresa final. Un giro de guión que en este caso puede resultar obvio para muchos de los espectadores pero que no por ello deja de ser tremendamente divertido. ¡Este es el Shyamalan que nos gusta, Shakira!

Trailer de 'The Birth of a Nation', la primera favorita a los Oscars 2017

- 22 de abril de 2016 3 Comments

'The Birth of a Nation' es la primera gran favorita para la próxima carrera por el Oscar. Después de triunfar en Sundance, la ópera prima de Nate Parker se convirtió en el gran objeto de deseo del certamen de cine independiente más influyente de Unidos. Previo pago de 17,5 millones de dólares, Fox Searchlight se hizo con los derechos de exhibición mundial de un título que acaba de lanzar su primer teaser cuando aún falta medio año para que el filme llegue a los cines americanos el 7 de octubre.

La película cuenta la historia de Nat Turner, un esclavo que lideró un movimiento de liberación de los afroamericanos en 1831. El título es una referencia irónica a la película de 1915 dirigida por D.W. Griffith, considerada una obra cumbre del cine por su maestría técnica pero terriblemente polémica por su exacerbado racismo. Parker ha estado buscando financiación durante años para poder sacar adelante este proyecto, del que también es productor, guionista y protagonista principal.

Completan el reparto de 'The Birth of a Nation' Armie HammerPenelope Ann MillerGabrielle Union y el nominado al Oscar Jackie Earle Haley.

 

#NoOscarFest: 'Yo, él y Raquel', de Alfonso Gómez-Rejón

- 21 de abril de 2016 6 Comments

Este artículo está escrito por Francesc Miró, redactor de Cinéfagos.es

¿Cuándo fue la última vez que te emocionaste en una película? No me refiero al "ay, qué bonita", no. Me refiero a sentir ese algo en el pecho que aprieta más de la cuenta, a tener que controlar tu lagrimal no sea cosa que te deje en mal lugar. Me refiero a esa sensación que te provocan películas que conectan contigo y te dejan con el corazón en la mano. La conexión, esa es la maldita clave.

Aunque esta sarta de memeces que acabo de soltar puedan parecer eso, chorradas, a veces uno se descubre así, tonto ante una obra que ha conectado con él. Confieso que si una película empieza con una escena en stop-motion en la que el protagonista imagina que "el mejor de los tiempos" sería verse delante de una barra libre de comida vietnamita que sirve una chica de Pussy Riot mientras toca el arpa, me tiene medio convencido desde el minuto uno. Pero si el minuto dos es una descripción del "peor de los tiempos" consistente en un tío siendo torturado por profesionales mientras cuelga maniatado sobre una piscina de ácido infestada de cocodrilos más cabreados de lo normal (por lo del ácido, claro), que además sufre por no poder evitar oler tuberías que sueltan aire que huele a leche podrida derramada, cosa que también cabrea a los torturadores mientras le golpean… entonces ya, mira, me ha desarmado completamente. Y lleva dos minutos y diecinueve segundos contando los créditos iniciales. Eso es 'Yo, él y Raquel' de Alfonso Gómez-Rejón: una locura que desarma.

Y se esfuerza en hacerlo hasta para el que mejor defensa quiera plantar: aquél que se postra sobre su inconmensurable conocimiento cinéfilo para repetir en cada crítica que todo le suena a déjà vu porque él se ha visto todas las películas de Feuillade y ha comprendido en qué consiste el cine de Godard. A él: 'Yo, él y Raquel' lo mira por encima del hombro con una sonrisa sarcástica. Puesto que 'Yo, él y Raquel' cuenta la historia de dos jóvenes de último año de instituto cuya afición es rodar películas amateur dándole una vuelta irónica (y loca) a los títulos de las películas clásicas que les gustan. Y la película, que ya era desde el minuto dos  algo realmente divertido, se va revelando como un juego para freaks cuyas jugadas cuestan de pillar.


Alfonso Gómez-Rejón nos ha brindado, sin comerlo ni beberlo, un encantador juego metacinéfilo. 'Yo, él y Raquel' es un juguete de piezas de referentes y referencias sin fin al que no sobra ni un solo guiño. Aquí podéis ver a unos tipos que hicieron reunieron los mejores, porque todos daría para un libro: desde detalles insignificantes en la puesta en escena, hasta bromas de vestuario, pasando por juegos con una genial banda sonora (como refleja excelentemente Shipra Harbola en un artículo para Indiewire). Pero, por si todo lo mencionado anteriormente no fuese suficiente, resulta que Gómez-Rejón no se conforma con dejar sin defensa a los más avezados. Con delicadeza y extremo cuidado de no pasarse con el azúcar, hace que todo esto gire en torno a la emoción: a una historia de sensible amistad, alejada (para bien) de los dejes de la última oleada de películas "young adult".

Una escena, cuya síntesis (no es baladí) es un "found footage" en un hospital, reduce todo a puro sentimiento. ¿Qué es el cine sino eso?. 'Yo, él y Raquel' extrae oro de cada segundo: convierte a dos amigos, una pantalla, un proyector y una película en una de las escenas más desprejuiciadamente bellas que servidor ha visto en tiempo. Una expresión pura de amor al cine, o simplemente de amor, que termina por hacerte preso de tus emociones. Algo así como hacer que ardan como lo harían en manos de Amrish Puri (el villano de 'Indiana Jones y el templo maldito') arrancando un corazón del pecho de un pobre desgraciado mientras grita "Kalimaaa!!"

La última vez que me emocioné tanto, fue escuchando la voz de Scarlett Johansson susurrarle a Joaquin Phoenix que su historia de amor es como las páginas de un libro pero que la vida era eso que está entre las páginas y va mucho más allá de su libro. “Es en este espacio infinito entre las palabras donde me estoy encontrando a mí misma. Es un lugar que no existe en el plano físico. Es donde está todo lo demás que ni siquiera sabía que existía”, decía en 'Her' (Spike Jonze, 2013). Justo entre las páginas de un libro, tampoco es baladí, se descubre el giro final de 'Yo, él y Raquel'.

Pero antes de dejarnos llevar por la lágrima, también podemor reír. Y bien a gusto.

Michael Keaton impulsa McDonalds en el primer trailer de 'The Founder'

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Michael Keaton está decidido a aprovechar hasta el final el espectacular 'comeback' que empezó el año pasado con 'Birdman' y que ha confirmado este año con 'Spotlight'. ¿Puede convertirse 'The Founder' en la tercera ganadora del Oscar a la Mejor Película protagonizada por el Batman de Tim Burton? La historia, desde luego, es de prometedora. Un empresario se hace con una hamburguesería que se acaba convirtiendo en el imperio que hoy conocemos como McDonalds. Más que una historia de superación, quien ha leído el guion dice que se parece más a un retrato en la línea de 'La red social' que a la consecución del sueño americano.  Ahora está por ver qué hace con ella John Lee Hancock, el responsable de dramas descafeinados y de irregulares resultados como 'The Blind Side' y 'Al encuentro de Mister Banks'.

Keaton interpretará en la ficción a Ray Kroc, un vendedor de Illinois que en los años cincuenta se cruzó en el camino de Maurice 'Mac' y Richard 'Dick' McDonald, una pareja que regentaba una hamburguesería abierta en los 40 bajo el nombre de Bar-BQ McDonald. Kroc quedó impresionado por el veloz sistema implantado por los hermanos para hacer la comida y vio el potencial de la franquicia. El resultado es historia.

'The Founder' se iba a estrenar en Estados Unidos en noviembre, pero The Weinstein Company ha adelantado su lanzamiento a agosto. ¿Malas noticias?